Hay algo
irremediablemente extraordinario y sobrecogedor en los locos; pero aún es más
escalofriante en aquellos que hablan y actúan como si estuvieran completamente
cuerdos y fuesen los otros, los que los miran con ojos abiertos de búhos,
los que hubieran perdido la cabeza.
Y es que lo peor de un loco que se considera sensato y juicioso es el hecho de creerse de manera inquebrantable lo que dice o hace con una seguridad tan decisiva que es capaz de socavar los cimientos mismos de la más pura racionalidad, pues está tan convencido de llevar la razón que en la mayoría de las veces utiliza peregrinas argumentaciones para defender sus ideas; y tan vehemente y locuaz llega a ser su discurso, tan dramáticos sus gestos y expresiones, que la audiencia que se sitúa a su alrededor, expectante ante aquel relato, acaba por sufrir una empatía colectiva que le lleva a considerar que tanto sufrimiento no puede ser inventado. ¡Cómo iba a ocurrírsele algo así! Y al final, la locura individual de uno se transforma, por obra de un inquietante encantamiento, en la histeria colectiva de unos muchos.
Porque dudar es fácil. Lo complicado viene cuando hay que desenmarañar la enrevesada madeja que el loco ha tejido en torno a su perorata, pues como no siempre fue un demente, supo hacerlo con la idéntica habilidad con la que Aracne venció a Atenea, y ahora, ante la crédula mirada de los demás, resulta casi imposible discernir la verdad de la mentira. Y en esa ardua tarea de esclarecimiento, si uno no tiene cuidado puede terminar tan rematadamente ido como aquellos que una vez fueron cuerdos y ahora padecen de una pasajera senectud que los ha vuelto totalmente idiotas, igual que esos muñecos a los que se les balancea la cabeza y parecen estar siempre asintiendo, sin criterio ni personalidad alguna, sin cuestionarse si eso sucedió realmente como lo está narrando el loco o es fruto de una quijotesca alucinación.
Sin embargo, yo he aprendido a diferenciar sin vacilación la transparencia de la cerrazón, y cuando me cruzo con uno de esos excéntricos personajes que se asemejan bastante a una persona normal lo identifico al instante, pues tengo claro que él es el que está consumadamente chiflado y que soy yo el portador de la absoluta razón. ¿Cómo voy a ser yo el desequilibrado? Me habría dado cuenta de ello...
La nave de los locos (1503 - 1504)
Jheronimus Bosch "EL Bosco"
Museo del Louvre
