Hay en Carboneras una central térmica que cuando llega la
noche se llena de luces blancas, amarillas y rojas que hacen resaltar sus sombrías
instalaciones de hormigón y hierro en la oscuridad reinante de una noche fría
sin luna, como si fuese la indescifrable estructura de una sociedad futura y
extraña que nada tiene en común con el mundo que la contempla, rodeada toda
ella por una atmósfera de incertidumbre, volviéndose más tétrica y
fantasmagórica cuanto más se la observa.
Todo en ella
impresiona y sobrecoge cuando las últimas luces del día desaparecen en el
extraño horizonte de un mar que nace junto al desierto, haciéndolo todo más confuso,
impregnando cuanto allí hay de una irrealidad tangible, pues más que en una
central carboeléctrica tengo la aturdida sensación de hallarme ante una filial
de la Tyrell Corporation, aquella deshumanizada fábrica encargada de concebir a
los replicantes en Blade Runner: máquinas
destinadas a ser más humanos que sus propios creadores. Las mismas que acabaron
rebelándose contra los hombres cuando estos los explotaron como a esclavos en
las colonias de Marte.
Así que percibo
en mi interior un miedo curioso y atroz a seguir avanzando en aquel infecundo lugar
dominado por una gigantesca chimenea de la que se desprende un humo grisáceo y un
denso olor, y descubrir que estoy en lo
cierto; que sin saber muy bien cómo ha sido, me he trasladado al umbroso futuro
del año dos mil diecinueve. A un mundo de naves en llamas más allá de Orión o
de Rayos-C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Que yo
mismo no existo ni soy la persona que escribe estas líneas, sino que en
realidad siempre he sido un replicante más, uno de aquellos Nexus-6 que, como a
la pobre Rachael, me implantaron los recuerdos que me han permitido tener todos
estos años una base emocional. Sin embargo, todo es falso. Todo cuanto he
vivido y deseado, cuanto he reído y llorado, cuanto he amado... es solo el
producto de una memoria artificial, perdiéndose para siempre en el tiempo como
lágrimas en la lluvia cuando el ingenioso y cruel mecanismo que me otorga esta vida plena de falsedad decida dejar de
funcionar.
Central térmica de Carboneras (Almería)
Fotografía de Juan García Gálvez
