jueves, 29 de septiembre de 2016

Humana inquietud



  Hay en Carboneras una central térmica que cuando llega la noche se llena de luces blancas, amarillas y rojas que hacen resaltar sus sombrías instalaciones de hormigón y hierro en la oscuridad reinante de una noche fría sin luna, como si fuese la indescifrable estructura de una sociedad futura y extraña que nada tiene en común con el mundo que la contempla, rodeada toda ella por una atmósfera de incertidumbre, volviéndose más tétrica y fantasmagórica cuanto más se la observa.

  Todo en ella impresiona y sobrecoge cuando las últimas luces del día desaparecen en el extraño horizonte de un mar que nace junto al desierto, haciéndolo todo más confuso, impregnando cuanto  allí hay de una irrealidad tangible, pues más que en una central carboeléctrica tengo la aturdida sensación de hallarme ante una filial de la Tyrell Corporation, aquella deshumanizada fábrica encargada de concebir a los replicantes en Blade Runner: máquinas destinadas a ser más humanos que sus propios creadores. Las mismas que acabaron rebelándose contra los hombres cuando estos los explotaron como a esclavos en las colonias de Marte. 

  Así que percibo en mi interior un miedo curioso y atroz a seguir avanzando en aquel infecundo lugar dominado por una gigantesca chimenea de la que se desprende un humo grisáceo y un denso olor,  y descubrir que estoy en lo cierto; que sin saber muy bien cómo ha sido, me he trasladado al umbroso futuro del año dos mil diecinueve. A un mundo de naves en llamas más allá de Orión o de Rayos-C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Que yo mismo no existo ni soy la persona que escribe estas líneas, sino que en realidad siempre he sido un replicante más, uno de aquellos Nexus-6 que, como a la pobre Rachael, me implantaron los recuerdos que me han permitido tener todos estos años una base emocional. Sin embargo, todo es falso. Todo cuanto he vivido y deseado, cuanto he reído y llorado, cuanto he amado... es solo el producto de una memoria artificial, perdiéndose para siempre en el tiempo como lágrimas en la lluvia cuando el ingenioso y cruel mecanismo que me otorga esta  vida plena de falsedad decida dejar de funcionar.

 Central térmica de Carboneras (Almería)
Fotografía de Juan García Gálvez