lunes, 30 de noviembre de 2015

Soñada irrealidad



Cuando llega a casa, ella ya se ha marchado. De ningún modo lo espera; siempre urgida por el agitado ritmo de la inminencia en el trabajo, el mismo que le impide pasar un solo momento juntos, sosegados, hablando de las cosas que compartirían si llegase la ocasión de conocerse, pues nunca se han visto, y, casi con total seguridad, ni siquiera han estado físicamente cerca. No han coincidido en una cafetería o en un restaurante o esperando uno detrás del otro en la cola de un supermercado ni se han cruzado en la puerta de una entidad bancaria, ella entrando y él saliendo, o quizá al revés, así que tampoco sabe con absoluta certeza si ella tiene la altura con la que la ha imaginado tantas veces o si el color del pelo y de sus ojos son de la tonalidad precisa que ve cada día en la imagen refractaria e intangible que le devuelve la televisión: la transmisión distante y lejana que separa dos mundos tan iguales y a la vez tan diferentes, el suyo y el de ella, uno real y otro que no lo parece tanto porque solo puede observarla sin llegar realmente a verla.

No tiene muy claro cuándo fue la primera vez que la vio en la pantalla. Cuándo leyó una crónica suya en un periódico arrugado y manchado por salpicaduras de café o qué sintió la primera vez que oyó su voz en la radio, cercana y cálida, vibrando en invisibles ondulaciones que se propagaban por el aíre como una afectuosa incitación a seguir escuchándola... pero le gustó su estilo, la forma en que narraba las cosas habituales que suceden en el mundo, incluso aquellas más grotescas, la singular manera con la que iba transformando lo mundano en algo inusual; lo feo en algo un poco más bello.

Asume que si ella le conociese se desencantaría al comprobar que es un tipo como cualquier otro, tejido con una irremediable normalidad. Con imaginaria intranquilidad, se angustia al pensar que pudiese ver el piso en el que vive, los muebles de dudoso gusto que fue comprando con los años, el trabajo pueril de anónimo oficinista que no se atreve a abandonar por el miedo ficticio a lo que vendrá después, pues sabe de sobra que no habrá nada porque nunca dará ese paso, así que prefiere seguir viviendo así, algo apesadumbrado, medio a oscuras en la amarga invención de un sueño que él mismo ha creado tratando de aplacar su soledad.

Un día pensó en escribirle una carta o mandarle su libro favorito dedicado; un gesto que ella pudiese apreciar de una forma distinta a cualquier otro tipo de acto; una seña alejada de tanta inmediatez digital que le obliga a escribir cada día sobre una pantalla luminiscente tan fría y vulgar como su oficina. Pero no se atrevió. Pensó que ella se reiría de él; que lo tomaría por un loco o un chiflado cualquiera. Luego, el tiempo fue pasando y él  abandonó lentamente toda esperanza de conocerla.   Por eso, sus ojos no podían creer lo que leían cuando, la otra tarde al llegar del trabajo, abrió el buzón y encontró una postal de ella que decía: “Yo también llevo dos años mirándote”.


3 comentarios:

  1. Y como no, lo vuelves a conseguir: hechizar al lector con tus palabras.
    El miedo al rechazo o burla es algo muy nuestro, de los humanos. Aunque a veces nos autoconvenzamos de esa falsa valentía, que nos permite conseguir lo deseado, casi nunca llega a cumplirse. Y siempre nos quedará ese arrepentimiento por no haberlo intentado por que a lo mejor, quien sabe, esa vez pudiera haberse logrado lo soñado.
    Pablo, sigue así constante y firme en tu afición que todo buen trabajo tiene una recompensa al final del camino!!

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  2. Muchas gracias, por tus ánimos!! Y tú no dejes de escribir nunca...

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  3. Hola! Manal tangerina me ha recomendado tu blog y no se equivocaba, me ha encantado, me ha encandilado tu forma de escribir, se nota que amas esto, que te apasiona la escritura, tienes algo especial, algo que engancha y una forma muy sutil de relatar tus inspiraciones. A mi también me gusta escribir pero aún no me he atrevido a enseñarlo del todo, he comenzado a compartir una pequeñita parte de mis letras en twitter... te lo dejo por si te apetece leerme: @AnPoetizate

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