lunes, 12 de agosto de 2013

¿Amor soñado?



Anoche volví a soñar contigo. Es algo que se repite últimamente; con demasiada frecuencia. No estábamos en un lugar concreto. Ni siquiera puedo decirte que día de la semana era o si se trataba de un sitio real. Acaso fuera una arquitectura inventada por mi imaginación para poder permanecer junto a ti en un lugar de singular belleza: decoración y estructura creada a partir de otras evocaciones  para reconstruirla cada vez que necesite quedarme a tu lado.

Tampoco podría discernir cuanto tiempo estuvimos juntos. Y es que cuando sueño contigo, cada vez que tu figura se me aparece, reconocible al instante, delicada en cada una de sus curvas, no encuentro medida posible para calcular la duración de nuestro encuentro. Hablamos y nos reímos; otras veces, pasamos los minutos en silencio, mirándonos, sin nada que decir, pues tampoco hace falta decir nada. Entonces, me besas. O soy yo el que te besa a ti. Con suaves caricias vamos reconociendo las imperceptibles grietas de la piel, igual que una extensa llanura que tiene pequeñas imperfecciones, pero no por eso dejan de ser bellas. Y somos capaces de permanecer así durante horas, comprobándonos, viviéndonos, descubriéndonos de nuevo, como un niño que acaba de encontrar un objeto insólito y fascinante en el viejo desván de su casa y  se lo lleva a su dormitorio lleno de emoción para observarlo.

Pero, poco a poco, la claridad de un nuevo amanecer comienza a filtrase por la persiana y tu efigie se va desvaneciendo sin que nada pueda hacer por retenerla. Trato de aferrarme a ella y al sueño con todas mis fuerzas porque al menos ahí, durante la recreación que mi  mente ha hecho de tu estampa, de tus labios y tus ojos, siempre permaneces a mi lado. Eres mía de la misma forma que yo soy tuyo, y nada parece importante al otro lado de esa extraña puerta que, dentro de poco, me devolverá a una realidad que ya no reconozco ni disfruto porque  no estás en ella.

Cuando logro despertar del todo, tu presencia, antes tangible y notoria, ha desaparecido por completo. Sin embargo,  algo extraño sucede cuando empiezo a moverme, descalzo, por un suelo de frías baldosas en el que reina un turbador silencio. De pronto, me doy cuenta de que ese no es el lugar en el que me quedé dormido anoche y que los muebles y enseres que se distribuyen a mí alrededor no son los míos, o al menos yo no los recuerdo con esas formas y colores.  Entonces, empiezo a pensar que quizás todo lo que yo consideraba que era mi mundo real,  es el auténtico sueño. Porque hace ya mucho tiempo que te perdí, pero no me acuerdo de olvidarte. Y por tanto, cada vez que la alucinación me devuelve a tu lado, realmente estoy despierto.

1 comentario: